lunes, 12 de diciembre de 2011

Restablecer la confianza

Escrito por Sigfrido Munés
Martes, 01 noviembre 2011 00:00
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tioziggi@hotmail.com
Más allá de la visión particular de cada quien, y por encima del impulso natural a la crítica de lo que creemos que está mal, debemos pensar en soluciones factibles para los problemas de El Salvador y comenzar por el principio: saber escuchar, no suponer de entrada malas intenciones del proponente, ni atribuirle motivaciones ocultas. Es decir, quitarnos las telarañas ideológicas que distorsionan la visión de la realidad y deforman la imagen de quienes pueden pensar diferente de nosotros.
Para restablecer la confianza en este país es necesario que sus líderes honren los compromisos contraídos. Una empresa nacional, por ejemplo, sufre pérdidas cuantiosas porque un ministerio no le paga más de 2 millones de dólares que le debe por la construcción del edificio que ocupa y usa desde que lo recibió a su entera satisfacción hace más de dos años. Solución factible: ¡pagarle! Los fondos necesarios existen porque los donó una nación amiga.
Al observar lo que dicen los entendidos, la crisis que vive el país es fundamentalmente una crisis de confianza. Basta constatar que los emprendedores desconfían del gobierno y este recela de ellos; y que la población en general manifiesta en las encuestas su distancia de los diputados y la policía. Mientras esta negatividad persista será imposible vislumbrar un desarrollo satisfactorio, con suficiencia de empleos, que nos devuelva índices aceptables de seguridad.
Ningún gobierno puede por sí solo derrotar al crimen organizado; pero el nuestro tiene la obligación de encabezar la lucha para lograrlo. El agente policial (que los hay buenos y malos) deberá merecer ser visto como un amigo que nos protege.
Descontemos el daño a la imagen del país, aportado por quienes difundieron por el mundo los aspectos más negativos de El Salvador en su afán de perjudicar a los gobiernos de turno. Propongámonos de aquí en adelante tener cuidado en no magnificar lo malo y sí exhibir las cosas buenas y las virtudes del pueblo salvadoreño, como decir su fortaleza ante la adversidad y su cotidiano empeño y creatividad para salir adelante.
Descontemos también los temores de un cambio radical de sistema y revisemos algunas de las causas de la desconfianza. Por un lado el divorcio del gobierno y el sector empresarial; y por otra parte el discurso incendiario de la cúpula del Frente, sosteniendo postulados que engendran recelos y miedos. (Ojo: temores que no son producto de campañas de sus adversarios, sino que se originan en las propias palabras de sus dirigentes.)
Lo que no es posible descontar es el complicado tejido de dificultades al inversionista. Cierto empresario salvadoreño dedicado a la construcción especializada necesita para realizar una obra buena cantidad de permisos oficiales de alcaldías, Ministerio de Medio Ambiente, OPAMSS, Ministerio de Salud Pública y no sé cuántas otras instancias oficiales.
Estos requerimientos que en sí mismos no son malos se vuelven una trampa cuando no son otorgados en plazos razonables. En tiempos de crisis, cuando las ventas están duras y este empresario logra que le compren un proyecto, es muy triste que las trabas existentes le estén llevando a la quiebra.
Este lerdo burocratismo no corresponde con un sano propósito de promover las inversiones, levantar la economía, multiplicar los empleos y restablecer la confianza en las instituciones públicas.